jueves 1 de abril de 2010

Eduardo Naranjo

LA FIESTA NACIONAL

El novillero acosaba día y noche al Lagartijo pidiéndole la alternativa. Murió una tía de éste a quien él tenía por su segunda madre. Pidióle el novillero la alternativa por el alma de su señora tía, y cedió el torero, como sensible. El primer toro que toca lidiar al nuevo matador resulta toro de bandera, que lleva la muerte en los cuernos. El padrino le ayuda, le prepara el toro:
–¡Tírate ahora! –le grita.
Y el ahijado se perfila; sabe que no podrá, da por segura la cornada y, resuelto a todo, vuelve un instante los ojos al maestro: advierte entonces el brazal negro, el traje negro y oro de Lagartijo que recuerda el luto reciente y, antes de arrancarse, todavía tiene tiempo –¡y ánimo!– para decir, jugando la vida y el vocablo:
–Maestro ¿qué se le ofrece para su señora tía?
Alfonso Reyes

LOS BOLONAUTAS 281



SEÑOR SLIM, SI NO ES MOLESTIA, ¿SERÍA USTED TAN AMABLE DE SEGUIR ABUSANDO DE NOSOTROS CON SUS CAROS Y PÉSIMOS SERVICIOS, POR FAVOR? GRACIAS, DISCULPE EL ENCAJE, DIOS SE LO PAGUE


El título del artículo es es de Los Bolonautas, pero las verdades dichas en él son del español Pablo Ordaz. He aquí fragmentos del rementoteado artículo publicado en el diario El País de España:

¿Cuánto le debe el hombre más rico del mundo a la amabilidad de sus compatriotas? O, planteado de otra forma, ¿cuánto facturan Telmex y Telcel -compañías de telefonía fija y celular propiedad del millonario Carlos Slim- gracias a los minutos que los mexicanos dedican a saludarse y despedirse amablemente? No hay estudios sobre eso -ni serios ni de los otros-, pero si existieran seguro que el resultado sería abrumador.

Carlos Slim sería menos rico en países como los europeos, donde la gente va al grano. Nadie en España, Francia o Alemania incluye sistemáticamente en sus conversaciones telefónicas un repertorio tan variado de fórmulas de cortesía.

El mexicano está convencido de que sus tarifas telefónicas están entre las más altas del mundo. A Daniel Hajj, director de Telcel, le gusta decir que su empresa tiene 58 millones de clientes y que sólo 2800 presentaron quejas, lo que vendría a demostrar la satisfacción de los usuarios.


Si bien es verdad que ese dato podría también servir para demostrar otra de las realidades de México: el mexicano protesta poco, muy poco, lo que llama la atención en un país donde 53 millones de personas (el 49,3% de la población) viven en la pobreza.

Tal vez se proteste poco por una cuestión de carácter. O tal vez porque se llegó a la conclusión de que las protestas no tienen respuesta. Y, ya que no hay pan, al menos que haya alegría.

Así que, puestos a elegir, los mexicanos prefieren renunciar a un buen puñado de pesos todos los meses que a su amabilidad congénita. Una amabilidad que el extranjero que se radica en México -abrumado y tal vez asustado por las noticias que tiñen al país de un intenso color rojo sangre- no tiene en cuenta al principio, pero que poco a poco va cautivándolo, incluso colonizándolo, hasta el punto de que cuando vuelve a su país de origen se siente casi ridículo al pedir las cosas por favor, con una sonrisa.

Se puede probar subir a un taxi en Madrid, y después de preguntarle al chofer cómo está y alegrarse con un ¡qué bueno! , si la respuesta es favorable, pedirle que lo lleve, si es tan amable, a una u otra dirección. Y luego sirve comparar la respuesta con la que recibiría en México: "Claro que sí, joven -da igual la edad del cliente-. Con mucho gusto. Estamos para servirle".