DISCULPANCIAS
El sábado pasado comí con Fredy López Arévalo. A la hora del postre me invitó formalmente a participar en el noticiero cotidiano que conduce en la XERA de San Cristóbal de Las Casas (760 AM, de 14.00 a 15.00 horas). Mi amistad con Fredy, altibajos incluidos, data de muchos años. En honor a ella, acepté. Acordamos intervenciones mías, de 3 minutos cada una, los lunes, miércoles y viernes.
El lunes me senté frente a la PC una hora antes de lo habitual con la intención de terminar temprano este bodrio columnístico y la caricatura. Primero lo primero. Terminé a las 12 y proseguí enseguida a preparar el material de la radio. Concluida mi participación ahí enviaría mis libelos al Diario de Chiapas (el bueno, el naranja)
No contaba con que mi envidiosa senectud metería su cuchara. A las 14.25 había concluido exitosamente (digo yo, si no quién) mi debut en la radio coleta. Decidí auto incentivarme obsequiándome un litro de helado de chocolate con piñones.
Ya en la tienda de autoservicio pensé en la cortedad de la existencia y me dejé perseguir por unos calamares en su tinta y una gorda lonja de queso holandés, con los que digeriría mejor una película pendiente de mirar semanas atrás.
¿Y los libelos periodísticos? Bien, gracias. A mí, tan reacio a las alturas, se me volvió a ir el avión. Supe que no las había enviado hasta hace rato, cuando abrí mi correo me topé con la manta del licenciado Carlos Amador que con letras de buen tanto preguntaba: jovenazo, ¿y sus libelos para el 24 de enero?
Espero que mi impulsivo, radical, fiel, presunto y solititío lector no se haya lanzado al Cañón del Sumidero, incapaz de soportar el dolor de no leerme. Ni dios lo quiera.
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